lunes, 25 de agosto de 2014

Amigo, amante, hijo, padre.

La gente debería hablar más consigo mismo, pues somos, en la mayoría de las veces, grandes personas a las que no damos la oportunidad de conocernos. Un amigo, un amante, un hijo, un padre, una divinidad, una monstruosidad. ¿Cuánto nos perdemos al no querer quedarnos a solas?


jueves, 14 de agosto de 2014

No me entiendo.

No me entiendo. Estando solo quise dejar la soledad; estando con amigos quise estar con alguien; estando contigo decidí estar sin ti; estando sin ti, quiero estar solo.

Es verdad que la vida da vueltas, pues al parecer sigue un destino con forma de circunferencia, que parece moverse pero en realidad está quieto, somos nosotros los que nos movemos por él. Porque con cada nueva vida que nace, es una vida que no conoce ese destino y entra desde el comienzo en esa corriente, para dar vueltas, pues sólo conoce el destino aquel que decide repasar el antes y el ahora.
La historia se repite, se estudia porque nos dicen "sabiendo el pasado no cometeremos los mismos fallos en el futuro". Pero aquí estamos, cometiendo siempre los mismo fallos, para luego aconsejar a los allegados y que éstos cometan los mismos errores y vuelva a empezar el círculo.

No me entiendo. Estoy escribiendo éstas palabras pensando que así me encontraré, que tal vez pueda solucinarme, arreglarme. Echo las culpas a los demás e inmediatamente pienso que no, que la culpa no es del mundo, es mía, pero luego me doy cuenta que porque va a ser mía la culpa, y me quedo en blanco, y me quedo preguntando, que ¿cómo diablos voy a saber de quién es la culpa? Maldita sea, ¿hay acaso culpables aquí? ¿Sois vosotros? ¿Soy yo? ¿Es aquel del que dudamos unos y veneramos otros? ¿Acaso es que estoy roto y no soy capaz de llegar a la conclusión? Puede que salí defectuoso o que en cierto momento en el que pensaba que alcanzaba la felicidad una parte de mi se rompió.

No me entiendo. Digo tanto y a la vez no digo nada, estoy parado, sin seguir el camino en círculos, parado, sin ir con la corriente ni contra corriente, parado, como una piedra a la cual no tienen en cuenta como vida. Estoy parado y lo único que tengo claro es que lo echo de menos. Que escribo y me pregunto todo ésto con tal de no pensar en ti.

Fuiste el primero, ¿será por eso que no puedes salir de mi cabeza? ¿Será por eso que siento que yo no salgo de la tuya? Con cada respiración me aprieta el pecho y me falta aire. Que con cada mirada mía al espejo recuerdo la tuya. Te has metido tan dentro de mi que ahora te veo en mi reflejo.

He olvidado contar de tantas lágrimas que han caído por mi rostro. He olvidado todo lo que me rodea excepto tu recuerdo, tu caricia, tu tímida sonrisa, tu olor. Tu sabor.

Ésta es mi maldición. Estoy maldito con tu recuerdo y a la vez bendito con el mismo. Estoy maldito porque estoy roto. Estoy roto porque pensé en ser feliz. Y estoy triste porque salí de mi tristeza.

miércoles, 13 de agosto de 2014

Aware.

Quería escribir algo más, algo nuevo, algo con tal de que lo vieses, con tal de que lo leyeses y me sintieses otra vez, para así poder sentirte yo.

Se me hace tan difícil estar ahora separado, se me hace tan lento el día, tan larga la noche, tan doloroso el pensar que ahora no debemos hablar para que éste vacío se cierre de alguna manera.
Se me hace tan estúpido pensar que quise terminar contigo. Me han dicho no hace mucho más tiempo de aquel en el que te dije que te quise, que "el amor, mientras haya de ese sentimiento, todo puede arreglarse".

No lo dudo.

Creo que fuimos cobardes, que no quisimos afrontarlo, que no quisimos estar más juntos porque ambos sabíamos que debíamos terminar, que no era un para siempre, que no era un "toda la vida".

Cogimos el primer autobús que pasó, sin dirección cierta, sólo con la esperanza de ir a algún sitio. Con tal de viajar a algún lugar fuera de la soledad, cansados de nosotros mismos, con tal de encontrar el amor.

Y sabe Dios que fue el mejor viaje que pude haber tenido. Contigo.

No entiendo porque mi afán por hacer que mis lagrimas sigan cayendo, porque mi deseo de seguir sufriendo, de hacerte sufrir, del porque querer llamar tu atención al pasado cuando te dije que mirases al futuro.
Imagino que es porque yo no quiero soltar el pasado, porque en verdad me produce tanto dolor, tanto amargor no haberte hablado cuando pude, y ahora lo sufro porque no debo hablarte. Pues porque me di cuenta, durante un instante que debí dejarte ir, que debí dejar que conocieses más sin mi.

Porque me di cuenta, durante un lúgubre y gris momento de belleza, que te amé.

martes, 12 de agosto de 2014

Te quise todos los días antes de irme a la playa.

Quisiera escribir algo para ti, quisiera hacer que todo lo que siento coja forma, quisiera demostrar al mundo la despedida más bonita que jamás haya existido.

Pero no puedo, no puedo, porque mi corazón sangra y mis dedos tiemblan, mi mente se nubla y mi cabeza se parte, mis ojos se humedecen y mi garganta se seca, porque me doy cuenta que lo más maravilloso de éste mundo nunca se podrá expresar; no se plasmará en una foto, no se escribirá en un capítulo, no se escuchará en una canción.

 Sólo el recuerdo del sentimiento podrá ser fiel a la magia de la belleza. Sólo tu y yo podremos entender las lágrimas que caen de nuestros ojos. Lágrimas que una vez brillaron al Sol del atardecer, que una vez fueron secadas por la mano del viento y que una vez fueron ahogadas en un silencio en donde todo quiso expresarse y no le dio tiempo por atascarse en nuestras bocas.

Me siento triste, desgarrado y dolido, me siento hueco, pero me siento bien. Porque contigo he compartido el cierre de un capítulo mejor que de cualquier libro que pudieses darme, porque se que aún con éste vacío que sentimos tu y yo, se que ha sido lo más bonito jamás vivido en ésta triste y fría realidad.

 Recuerda las promesas que me hiciste, recuerda que te obligue a prometerlas, recuerda, por favor, porque mi voz no será capaz de volver a repetirlas.

 Te quise todos los días. Y cada uno de ellos.


 Nunca te olvidaré.

sábado, 9 de agosto de 2014

Comienza el reencuentro.

Me doy cuenta que cuando uno tiene tiempo de pensar siempre piensa en que piensa demasiado.
 Como el borracho que bebe porque no puede dejar de beber, el fumador que fuma porque no aguanta su hipocresía, el drogadicto que destruye su vida porque convierte al mundo en un reflejo de su espejo.

 Somos seres que aburridos de nuestra vaga vida recreamos una en la que todo pensamiento adquiere más fuerza de la que nosotros disponemos, una bola de nieve que cae por una pendiente y crece y crece, un duende correteando alrededor de nuestra cabeza, una y otra vez, una y otra vez.

 Somos el ser más inteligente del planeta. Lo decimos nosotros. Lo pensamos nosotros. Lo creemos nosotros. Pero tal vez, es que lo más inteligente del planeta ve innecesario decirnos lo contrario, pues tal vez, somos los más estúpidos del planeta.