domingo, 26 de junio de 2011

Presión.

Podría estar en medio del campo más grande del mundo, pero me sentiría como si estuviese en la habitación de aislamiento de alguna cárcel. Da igual que pudiese correr, da igual que pudiese gritar, escribir, dibujar, escuchar música, hablar, me sentiría de la misma forma como si todas mis fugas estuviesen bloqueadas, como si intentasen ahogarme en algún lago de países del Norte, tan fríos y pesados que congelan hasta la propia energía.

Acostado en el suelo, haciéndome una bola, intentando hacer que mi propio agobio y miedo no consiguiese cubrirme entero con su manto, suficiente era estar apestado de su perfume, y eso ya era difícil de sobrellevar, me quitaba fuerzas, optimismo y desgastaba mi propio ser.

Al borde de un acantilado, veía como las olas chocaban contra las rocas del fondo, como demonios esperando con ansias que cometiese el mayor pecado, como perros hambrientos saboreándome ya solo con el olfato. El viento estaba indeciso en si tirarme al frente o a atrás, no, no era el viento, era yo, no había precipicio real, era mi mente, ella si lo estaba y yo controlaba el viento, controlaba los pasos, pero había algo más fuerte que mi control, era algo inmenso, algo incontrolable...

Mi alma.

Es muy difícil soportar la presión de los amores, las esperanzas imposibles, los confrontamientos, las nuevas cargas y experiencias, los nuevos mundos por conocer con formas humanas. Debido a que esa presión es creada entre la interminable discusión entre la mente y el corazón. Entre la razón lógica y la fe.

miércoles, 22 de junio de 2011

Algo de adolescentes.

Hacía un viento fuerte que azotaba los pelos sueltos que no pude meter en el gorro de lana, observaba como los ratones de blanca espuma subían las rocas mientras que otros evitaban los obstáculos y directamente sumergían mis pies en ya un un helado manto transparente, pensaba que me relajaría de tal forma como lo pintan en la TV o en los libros, pero el sonido del mar y el viento no conseguían que yo alcanzase un estado plenamente sosegado, pero si que me despegase un poco del mundo.
Pero no podía parar de pensar en como ansiaba tener algo nuevo, algo que para mí era nuevo, lo quería, tal vez incluso lo necesitaba para sentirme feliz, pero no lo conseguía. Da igual las veces que viese que había indicios de que mi alma reaccionaba a otra, porque al final, el contrario nunca correspondía. Era algo de lógica, soy una chica que no pertenece al mundo en el cuál las cosas son tan "clásicas".

Decidí dejar la roca que me servía de asiento para observar el paisaje marino y fui al piso. No había nadie, la familia estaba en la playa, aún sin Sol y con un viento que gritaba mal educádamente y metía mano descaradamente a todo el cuerpo, ellos preferían estar en la arena tumbados, esperando a que el brillo bañase sus pieles.

Estaba en el ordenador, tras ver todas las webs online que me interesaban decidí buscar mi viejo blog que cree en internet, no me acordaba del nombre así que puse mi nombre de usuaria, el blog quedó un poco de lado viendo que salían resultados sobre mí misma en varias paginas, casi todas de contactos, tras revisarlas interesadamente, busqué el blog y corregí varias faltas que tenía. Volví a quedarme sin hacer nada, en la TV hablaban de "verdades" y de la "ayuda" que nos ofrecía el gobierno. A papa Estado le daba igual como estuviésemos, esto casi sigue siendo algo con un aire a la edad donde los nobles eran llamados nobles y no políticos.
Decidí mirar en facebook varios contactos y sus actualizaciones por puro aburrimiento, no se como acabé que, de todos los que ví, la mayoría fueron de personas a las que me acerqué mucho emocionalmente, estaban igual de bien como casi siempre, supuse, aunque en el fondo, muy fondo, deseaba que sintieran añoranza por mí. Ahora me encontraba mirando una foto donde justo habían comentarios de dos personas a las que mi alma decidió mostrar interés por ellas, no debí hacerlo, pero leí los comentarios, ahora si que estaba aparte de aburrida, con bajón. Las frases de amor y juegos de te miro mal, ahora me quejo y luego me enfado para que finalmente digas 'aii, que tonto ajaj' me ponían algo enferma, tal vez por envidia, tal vez por falta de costumbre, no, era envidia, pura envidia que me quemaba como un ácido en mi interior.
Siempre desee tener un amor aunque fuese solo temporal, pero mutuo, aunque finalmente se fuese con otra, o incluso con otro. Pero lo deseé y lo sigo deseando mientras miro otra vez, la foto de la joven persona con su apuesta pareja por el cuál siento un interés que no volveré a mostrar.