martes, 27 de septiembre de 2016

Ícaro

Caen mis plumas una a una, las arranca la verdad veraz del Sol; pero caen sin bailarle al aire, caen del peso de la desilusión, del tedioso aleteo en el que se convierte el anhelo al querer subir más arriba.

Más que alas parecen, piedras. Piedras de color gris, del frío color de las palabras tenaces de los mayores; de los que admiran mis inútiles alas del color con el que se maquillan las nubes antes de llorar.
Piedras parecen mis alas que caen dañando a otros pájaros. 

Mejor no hacerle daño a nadie, no quiero dañar a quienes tienen de verdad alas para volar, para reflejar con su blanco la luz del veraz Sol; mejor dejar de ser aire y convertirme en lo que soy.


1 comentario:

  1. Siempre pasa lo mismo con la historia de Ícaro y sus alas. Sólo tomamos cuenta del error de volar cerca del Sol, puesto que es lo que acaba haciendo el protagonista, dándole un sentido de "querer subir más arriba" y adquiriendo unas connotaciones de aspirar a ser demasiado, la egoletría de un ignorante o la restricción de los humanos a lo divino, pero en verdad hubiera pasado lo mismo si se hubiese acercado al mar.
    Dédalo le advierte que no volase demasiado alto porque el calor del sol derretiría la cera, ni demasiado bajo porque la espuma del mar mojaría las alas y no podría volar.
    Es una historia cuya moraleja radica en la equidad. Dédalo intenta enseñarle a su hijo sobre el equilibrio de las cosas, en cambio su error de volar alto siempre nubla el significado a la hora de tomar y deformar la idea de su historia y de cómo es Ícaro.
    Quizá no era una egolatra, quizá sólo vio que estaba más cerca del mar que del Sol, y decidió alejarse de él. Quizá temía que el agua lo engullese.
    Quizá Ícaro no quiso volar demasiado cerca del Sol.

    De cualquier modo, creo que estoy divagando en el blog de otro. Así que un beso, y perdón por el parrafazo.

    #LikeAlPost #ÍcaroYSuFobiaSecretaAlMar

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